Me balanceo sobre la punta de los pies,
en el finísimo hilo de la cordura.
Sólo el huracán podrá anclarme.
Ahí se sostiene esa parte de mí
que siempre apunta al cielo,
en la flecha que reside lo que
no tiene dueño, hora, ni precio.
Una escribe siempre como vive
Y ama tal y como escribe.
Yo, arrasándolo todo.
Otra vez espero a que
Se pose el polvo sobre las ruinas.
Aquí, me mantengo en pie
Con la boca llena de ceniza
Como hija del fuego y el volcán
Nunca hija de la huida.
No espero nada de tu mano
No exijo nada ya a mi herida
Soy mi sueño loco
Mi propia pasión prohibida.
Quisiera que hubiese un oficio liviano y sincero que ayudase a cerrar los agujeros trepadores que viven en nuestras cabezas.
Un oficio sencillo que se lleve la basura por un agujero y que no la deje mirando un lago; que nunca la deje caer en el centro de otra historia.
Un oficio humilde, como costurera de pedacitos rotos del alma, que entregue el rayo que atraviesa el cuerpo, que pasa por el tronco del árbol y se enraíza en la propia tierra.
Que reactive cientos de conexiones neuronales, cientos de caminos de luciérnagas que den luz y sueños nuevos.
Que plante, como yo con la letra que me hormiguea en los dedos, una pequeña esperanza.
Y todo ello por la palabra de cinco letras...
Ésa que hace puro lo impuro, la que genera conexiones doradas que nos tejen con el mundo y con otros mundos.
Por conocerla has ardido hasta los cimientos.
Por ella has aprendido de esos hilos dorados que lo entretejen todo.
Esa palabra nos enseña que nunca dos pasiones son iguales.
En ningún caso.
Somos el vacío, la ausencia que no ves en esa fotografía donde lo no reflejado es lo determinante; la literatura de nuestros días, la nada devorando a la nada.
Camino por estas calles que nunca fueron mías y continúa repitiéndose la imagen de esos niños que asesinan para dejar de ser inocentes.
Sigo viendo segundas oportunidades que permanecen en los escaparates sin ser adquiridas.
No pagaremos el precio, dejamos así sin doblegar esa falacia que algunos llaman destino.
Cada línea de tus manos, cada poro de tu piel, permanece en nuestras bocas como gesto que no será tatuaje contra el olvido.
Somos sucios sueños, sucias lenguas que arañan y envenenan la quijada de la muerte a base de crear recuerdos.
Cuando desea la navaja de la palabra...
¿Cómo cabalga sobre su yegua blanca?
¿Cómo embarulla sus pasos?
¿Cómo renace tras la entrega?
Siendo cielo e infierno, siendo voz cobarde, escondiendo lo más real, lo más sincero.
Y la luz se hace aliento, espejismo de una silueta dibujada en el suelo.
Mientras él escribe con poca verdad historias de pérdida y destierro.
No sabe siquiera del estertor último que se balancea entre su cuerpo y mi cuerpo.
Mis hormiguitas escriben el entretejido de nuestro mapa mundi, luego yo las voy borrando ahora que aún estoy a tiempo.
La mierda nunca engaña, nunca promete el cielo.
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| Foto: Óscar Millarengo. |
Considérome feminista, leo, cuestiónome, creo na sororidade e aprendo cada día todo o que podo. Sei que ser feminista é un proceso, polo menos para as mulleres da miña xeración, longo, de toma de consciencia diaria e que normalmente vai acompañado dun espertar. Nós non recibimos educación en igualdade, non polo menos como se entende hoxe, estivemos divididas por xénero ata o instituto (polo menos no meu caso) e vivín na inopia ata os 20 anos; no meu contexto non se falaba de patriarcado, non se sabía o que eran os micromachismos, nin os teitos de cristal, tampouco se coñecía o ‘mansplaining’.
Baséase tamén no que me ensinou a miña nai desde moi pequena, e que case sempre foi transmitido co exemplo e case nunca con palabras. Nunca se deixou vencer, sempre incluído agora, que é unha señora xa maior, compórtase como unha leoa, e segue actuando coas súas propias normas. É certo que é unha muller chea de contradicións, moitas delas herdadas dunha sociedade retrógrada como a franquista, pero con raíces ancoradas en mulleres que fixeron o que lles deu a gana e que se mantiveron soas dende o 1800 ata 1990.
Pero sobre todo hai que pensar en algo que quizais para min vén de serie, pero que para moitas de nós non... Nunca xulguei a unha muller que non se resiste ou que non se enfronta ao seu agresor, aínda que nunca me formulei non facelo (polo menos en agresión directa), pero creo que esta actitude que eu teño, que se forxou aos poucos e pagando un prezo alto, non a posúen todas as mulleres e creo que se debe mandar a mensaxe clara, rotunda e precisa de que debemos coidarnos, entre nós e nós mesmas.