domingo, 13 de agosto de 2017

Rara Lux



        Hablad, vosotras dos, las que más peleáis en el interior de mi pellejo, vosotras que malvivís dentro de mí.



Hablemos de la destrucción y del maltrato, de lo bien que nos lo montamos para quemarnos el hígado y toda esperanza. Contadme de ese título de campeonas de mundo en estómagos revueltos, noches mal dormidas y manos temblorosas.

Yo quiero hablaros de la travesía en el desierto, de lo que se me ha muerto dentro y de lo que quiero matar cada día.

Hablemos de la mierda chicas; del odio y la insatisfacción que se hace bola en la boca al masticarla día tras día.
Tú.... habla de los tesoros mal vendidos que arrastran por el fango nuestra historia.



Pensad en esa luz pequeñita que cada día muere un poco, pensad en cómo nos asusta que se apague sin que nos demos cuenta, porque no tenéis ni idea de cómo ni cuándo empezó a brillar, ni cuánto aguantará dejándola fuera, temblorosa, en medio de la ventisca.


Mientras hablamos, mientras habláis, mantendré esta cruz sobre los hombros, intentando alejar los pies del suelo porque sé que nosotras, bando de gorriones, también estamos en peligro de extinción.




sábado, 11 de febrero de 2017

De principio a fin


                                              
Me reflejo en el cristal

                                                     © Oscar Millarengo

Con tu ausencia en los huesos,

Con el cabello peinado de furia

Y la piel ardiendo.



Salgo a la calle.






               Con una mirada me sentencio.







miércoles, 25 de enero de 2017

Acuérdate de olvidar




Y no, no serás para mí el cuchillo

Serás el que se quedó encerrado 

Fuera de mi ovalada pupila negra.


De mí sólo recordarás

                                                          ©  Oscar Millarengo



Que tengo plomo en las venas 

Que ardo como el papel

Y que no, no soy de cristal.



A arriba firmante Franciska Pkypk.





sábado, 25 de junio de 2016





Ci sono cose nelle quali noi mortali ci perdiamo come un 

vecchio nel posteggio di un grosso centro commerciale.


Stiamo lì, sul filo del rasoio dei minuti persi e delle giornate

che stanno per arrivare.


Quando siamo venuti al mondo a nessuno di noi é stato detto 

che il gioco era questo, che i giorni vengono regalati, mai 

venduti e mai sprecati.


Ho corso come una pazza per cercare di arrivare, per 

stancare così tanto l’altra me che quasi non mi sono accorta

che in questa corsa sono passati cinque anni, di quelli 

importanti, di quelli che ti fanno invecchiare, di quelli che 

fanno marcire gli alberi più grossi.


Sono.


Vengo del freddo e adoro consumarmi sotto un clima caldo

che schiaccia il mondo, che ci rende tutti uguali come la 

morte, come il sesso.



E ti scopo. E mi piaci. Ma non godo. Non con l’anima…

Forse pure le nostre scopate sono solo a metà.



 Ti ho detto che mi ero innamorata di te: forse sono come 

Alice: «que dice que te quiere cuando ya te ha abandonado».



* Corrección: Mirko TB.





jueves, 16 de junio de 2016

Gústame !!!!!






Son desas ás que lles gusta beber cervexa, chupitos e queimar pitillos:

Xuntarse con descoñecidos  e desface-lo mundo.

Gústame desbocarme cando se me sae a alma do pelexo,

E que os días de choiva sirvan para ir de charco en charco,
con catiúscas vellas.

Ir de festi e poñerlle nome ós meus tenis;

Que ninguén me diga quen son nin o que teño que facer.

Gústanme os vestidos lilas, as saias curtas e os pantalóns longos,

Gústame o monte á noite e á alba.

Gozo das posibilidades que se abren ante min cando comezo a saír do túnel.

Gozo de trampear algunha noite e de “mañanear” ó carón de boa xente.


Vivo actos mínimos de rebelión e gravo, a ferro, na miña memoria

ás nenas que dende piollas se poñen firmes sobre as súas pernucas.


Sedúcenme as mentes afiadas coma coitelos, as xentes que loitan,

pola súa vida e pola súa terra.


Adoro verte cada día en pé dicindo “queda moita pedra por picar”.



E a todo o resto do mundo danme ganas de lles dicir berrando:


¿Tí que cona fas?.


martes, 14 de junio de 2016

Sobre débedas e flores



 



Chegaches unha noite fría, cos ollos acugulados de estrelas;

Enchendo de faíscas o mundo, levando contigo

a miña alma que non estaba en venda.

Para ser quen somos non hai palabras no meu libro

Non hai verbas no meu dicionario

para explicarvos como cega esta néboa.

Baleirámonos neste sistema global e globalizado.

Pero aínda así, sen verbas, sigo sendo.

E besbello o teu nome nas fondas corredoiras da noite,

besbello paseniño, repítoo, como única verba redentora imposíbel.

Debúxoo cun dedo no vidro dos autobuses que xa non collo

escríboo no espello do baño cando saio dunha ducha quente,

tatúote na alma dos sen conciencia,

e retumbas nas miñas orellas e no meu peito.


 Besbéllote liberdade

e vocalízote como se aprendera a falar de novo.





domingo, 12 de junio de 2016

Mi Lobo.Tercer Aullido



Y me llegaron noticias, noticias de huida, de un lobo que corría como el viento por no saldar su deuda, por salvar su vida. Una deuda contraída por su estirpe, muchas lunas antes, tantas como siglos, con un brujo que quería dominar la Herida, hacernos siervas y sumisas. 
Hacer olvido de nuestras hierbas, de nuestras danzas, de nuestros encuentros que desde aquel entonces se hacían a escondidas. 
Lanzaba manadas de lobos contra nosotras, las elegidas. Él, aunque poderoso, sin la ayuda del lobo, no nos vencía. Ansiaba borrar nuestras señas, las de la madre artemisa, los conjuros, nuestra herencia de druidas.  

Y él, mi asesino, corría y corría renegando de la línea de su sangre, hacia su estigma, hacia su propia elección de vida. No hallaba ya donde esconderse, ni riachuelo ni cueva le servían de guarida. Lo cercaban los hombres, con hoces y antorchas encendidas. Lo veía cada noche corriendo por la campiña.

Siete días después, entró en nuestro viejo bosque, El Cubierto de los Druidas, tierra sagrada, prohibida para hombres y lobos, prohibida para los que no nos entendían. 

Sus perseguidores quedaron fuera, temerosos de las muchas maldiciones que en ese bosque se cocían. Allí en ese lugar no lo seguirían, tenía hambre, sed y poca experiencia aún en esa vida; no sabía que era ya un prófugo, un condenado, por no ejecutar a la mendiga. Ya no había tiempo, ahora él, me pertenecía, el no haberme matado cuando mandaba la profecía, significaba eso que la sentencia  era  falible que el vaticino del Oráculo Rojo no se cumpliría: matar a la muchacha la noche en que soñase con magas, dientes de lobo, sangre y heridas.

Había que aprender una lección profunda, silenciosa y sencilla: los que encadenan su nombre en el cielo no se exterminan.

Él era el último lobo negro; ella la última descendiente sana de la Herida, cada uno con su cadena, cada uno en su mantra de elegía.

Cayó desmayado al suelo, ni un sólo músculo le respondía, siete ríos, siete sueños en siete días... Pensó que había llegado su hora, cuando su hocico no se alzó del suelo ante la aproximación de una sigilosa sombra, pisando suave la hierba movida por la brisa. Trajo agua fresca que caía suave y lenta por su piel mullida. Durmió horas, tal vez días y yo lo miraba desde el conjuro del agua preguntándome el porqué de todo aquello y si sobreviviría.

En el bosque quedaba sólo una hacedora de pócimas, cansada e intranquila, sus ojos azules se habían hecho ciegos, únicamente sus manos veían.

Tenía hambre, sed y sus patas en carne viva. Se levantó suave, hasta la cola le dolía, y siguiendo el murmullo del río pronto llegó a la orilla. Lentamente avanzó, mojando las patas heridas, soltó un ligero gruñido y cerró los ojos llenos de mariposas encendidas, estuvo quieto un rato, olisqueando el aire, agudizando el oído. Intentando saber cuán lejos estaban los hombres que lo seguían.

Cuando sentí que se alzaba, recogí mis pertenencias, hice un hatillo, apreté la talega estrecha entre mi cuerpo y la camisa de lino, fijé a la cinturilla de mi falda mi puñal, engarzado con piedras del destino, cubrí mi cabeza y cerré mi capa, monté sobre el lomo de la sombra y, rauda, me puse en camino. 

Debía llegar antes, antes de que los hombres ardiesen el bosque, antes de que el lobo volviese y cercenase mi suave cuello con una ira desconocida.