Me balanceo sobre la punta de los pies,
en el finísimo hilo de la cordura.
Sólo el huracán podrá anclarme.
Ahí se sostiene esa parte de mí
que siempre apunta al cielo,
en la flecha que reside lo que
no tiene dueño, hora, ni precio.
Mans incombustibles percorren cada curva do meu corpo. Férveche a boca de tantos bicos ardentes, de tantos bicos duros coma o cemento.
Árdeme a alma en cada cama que comparto contigo, que lembro cando xa non quero lembrarte.
E acabo volvendo ós teus brazos que son o leito do meu río. Que es ti a paz, a miña calma, a pedra que soporta o meu lume, esa árbore que sorrí, que resiste á miña laparada desesperada e me acepta sempre, aínda que eu non queira que contes por aí a nosa pertenza.
E perdóasme tódalas desleadades.
E non me esixes que che devolva o tempo perdido.
Y a cambio, qué entregas?
Miradas de soslayo en el espejo.
Sé valiente.
Una escribe siempre como vive
Y ama tal y como escribe.
Yo, arrasándolo todo.
Otra vez espero a que
Se pose el polvo sobre las ruinas.
Aquí, me mantengo en pie
Con la boca llena de ceniza
Como hija del fuego y el volcán
Nunca hija de la huida.
No espero nada de tu mano
No exijo nada ya a mi herida
Soy mi sueño loco
Mi propia pasión prohibida.
Quisiera que hubiese un oficio liviano y sincero que ayudase a cerrar los agujeros trepadores que viven en nuestras cabezas.
Un oficio sencillo que se lleve la basura por un agujero y que no la deje mirando un lago; que nunca la deje caer en el centro de otra historia.
Un oficio humilde, como costurera de pedacitos rotos del alma, que entregue el rayo que atraviesa el cuerpo, que pasa por el tronco del árbol y se enraíza en la propia tierra.
Que reactive cientos de conexiones neuronales, cientos de caminos de luciérnagas que den luz y sueños nuevos.
Que plante, como yo con la letra que me hormiguea en los dedos, una pequeña esperanza.
Y todo ello por la palabra de cinco letras...
Ésa que hace puro lo impuro, la que genera conexiones doradas que nos tejen con el mundo y con otros mundos.
Por conocerla has ardido hasta los cimientos.
Por ella has aprendido de esos hilos dorados que lo entretejen todo.
Esa palabra nos enseña que nunca dos pasiones son iguales.
En ningún caso.
Eu si quero un amor civilizado,
Con recibos e polvos de sofá.
Eu si quero que viaxes ó pasado
E que chores se tes ganas de chorar.
Non me importan as veciñas do terceiro;
Eu si quero sembrar e compartir.
Quero 8 de Setembro e cumpreanos feliz.
Non me importa levarche as maletas,
Nen que escollas o champú.
Eu se quero cambio de planeta
E póñolle a un cadelo, Rus.
Quero moitas noites de regueifa
E columpio nunha pola no xardín.
Que o noso sexa unha lareira,
Aínda que cheire a pachulí.
Eu quéroo todo, contigo ou sen ti.
O que non quero é un corazón cobarde,
Nen ter que morrer por ti.
Nen matarme contigo se te matas,
Nen que mates por min se eu morro.
Porque os bos amores curan,
Porque amores que curan nunca morren.
Se toca, haberá que xuntar para mañá;
Sempre souben chegar ó fin do mes...
Quérote libre e ocupado,
Con carne e con pecado,
Ceibe e sen pesar.
Eu quero que biques a miña cicatriz.
Quero Palermo en Setembro
E Ferrol no mes de Abril.
Espérame ás doce no portal
E dime: "voltemos comezar"
Eu saberei porqué o fixeches,
E ti xa me virás vir.
O que eu quero, home de ollos vivos,
E que vivas, sempre, a pesar de min.
Los huesos saben más de lo que necesitamos en la vida que el propio cerebro, que la razón y que incluso la misma sangre.
Cuando los huesos gritan venganza, lujuria o amor, nadie tiene dudas.
Nuestros huesos son como los círculos concéntricos del tronco de los árboles, marcando los tiempos, las edades; son también nuestras raíces conectadas a la Tierra.
Llegan a ser todo lo que debemos saber de nosotras mismas.
Sólo tenemos que aprender a escucharlos para que la vida sea más clara, nunca más sencilla.
Si tus huesos arden por la lujuria, quémate.
Si tus huesos claman venganza, véngate.
Y si tus huesos gritan: "ataca o huye"; obedécete.
Si los escuchas, si dejas que te guíen, pase lo que pase, cuando todo acabe, sanarás.
Y sabrás que has atravesado la tormenta
Y que has abandonado todo lo que era necesario abandonar.
Y la vida volverá a vibrar.