miércoles, 25 de enero de 2017
sábado, 25 de junio de 2016
Ci sono cose nelle quali noi mortali ci perdiamo come un
vecchio nel posteggio di un grosso centro commerciale.
Stiamo lì, sul filo del rasoio dei minuti persi e delle
giornate
che stanno per arrivare.
Quando siamo venuti al mondo a nessuno di noi é stato
detto
che il gioco era questo, che i giorni vengono regalati, mai
venduti e mai sprecati.
Ho corso come una pazza per cercare di arrivare, per
stancare così tanto l’altra me che quasi non mi sono accorta
che in questa
corsa sono passati cinque anni, di quelli
importanti, di quelli che ti fanno invecchiare, di quelli che
fanno marcire gli alberi più grossi.
Sono.
Vengo del freddo e adoro consumarmi sotto un clima caldo
che schiaccia il mondo, che ci rende tutti uguali come la
morte, come il sesso.
E ti scopo. E mi piaci. Ma non godo. Non con l’anima…
Forse pure le nostre scopate sono solo a metà.
Ti ho detto che mi ero innamorata di te:
forse sono come
Alice: «que dice que te quiere cuando ya te ha abandonado».
* Corrección: Mirko TB.
jueves, 16 de junio de 2016
Gústame !!!!!
Son desas ás que lles gusta beber cervexa, chupitos e
queimar pitillos:
Xuntarse con descoñecidos
e desface-lo mundo.
Gústame desbocarme cando se me sae a alma do pelexo,
E que os días de choiva sirvan para ir de charco en
charco,
con catiúscas vellas.
Ir de festi e poñerlle nome ós meus tenis;
Que ninguén me diga quen son nin o que teño que facer.
Gústanme os vestidos lilas, as saias curtas e os
pantalóns longos,
Gústame o monte á noite e á alba.
Gozo das posibilidades que se abren ante min cando comezo
a saír do túnel.
Gozo de trampear algunha noite e de “mañanear” ó carón de
boa xente.
Vivo actos mínimos de rebelión e gravo, a ferro, na miña
memoria
ás nenas que dende piollas se poñen firmes sobre as súas
pernucas.
Sedúcenme as mentes afiadas coma coitelos, as xentes que
loitan,
pola súa vida e pola súa terra.
Adoro verte cada día en pé dicindo “queda moita pedra por
picar”.
E a todo o resto do mundo danme ganas de lles dicir
berrando:
¿Tí que cona fas?.
martes, 14 de junio de 2016
Sobre débedas e flores
Chegaches
unha noite fría, cos ollos acugulados de estrelas;
Enchendo de
faíscas o mundo, levando contigo
a miña alma
que non estaba en venda.
Para ser
quen somos non hai palabras no meu libro
Non hai
verbas no meu dicionario
para
explicarvos como cega esta néboa.
Baleirámonos
neste sistema global e globalizado.
Pero aínda
así, sen verbas, sigo sendo.
E besbello
o teu nome nas fondas corredoiras da noite,
besbello
paseniño, repítoo, como única verba redentora imposíbel.
Debúxoo cun
dedo no vidro dos autobuses que xa non collo
escríboo no
espello do baño cando saio dunha ducha quente,
tatúote na
alma dos sen conciencia,
e retumbas
nas miñas orellas e no meu peito.
Besbéllote liberdade
e vocalízote
como se aprendera a falar de novo.
domingo, 12 de junio de 2016
Mi Lobo.Tercer Aullido
Y me llegaron noticias,
noticias de huida, de un lobo que corría como el viento por no saldar su deuda,
por salvar su vida. Una deuda contraída por su estirpe, muchas lunas antes, tantas
como siglos, con un brujo que quería dominar la Herida, hacernos siervas y
sumisas.
Hacer olvido de nuestras hierbas, de nuestras danzas, de nuestros
encuentros que desde aquel entonces se hacían a escondidas.
Lanzaba manadas de
lobos contra nosotras, las elegidas. Él, aunque poderoso, sin la ayuda del
lobo, no nos vencía. Ansiaba borrar nuestras señas, las de la madre artemisa,
los conjuros, nuestra herencia de druidas.
Y él, mi asesino, corría y corría renegando de la línea de su sangre,
hacia su estigma, hacia su propia elección de vida. No hallaba ya donde
esconderse, ni riachuelo ni cueva le servían de guarida. Lo cercaban los
hombres, con hoces y antorchas encendidas. Lo veía cada noche corriendo por la
campiña.
Siete días después, entró en nuestro viejo bosque, El Cubierto de los
Druidas, tierra sagrada, prohibida para hombres y lobos, prohibida para los que
no nos entendían.
Sus perseguidores quedaron fuera, temerosos de las muchas
maldiciones que en ese bosque se cocían. Allí en ese lugar no lo seguirían,
tenía hambre, sed y poca experiencia aún en esa vida; no sabía que era ya un
prófugo, un condenado, por no ejecutar a la mendiga. Ya no había tiempo, ahora
él, me pertenecía, el no haberme matado cuando mandaba la profecía, significaba
eso que la sentencia era falible que el vaticino del Oráculo Rojo no
se cumpliría: matar a la muchacha la noche en que soñase con magas, dientes de
lobo, sangre y heridas.
Había que aprender una
lección profunda, silenciosa y sencilla: los que encadenan su nombre en el
cielo no se exterminan.
Él era el último lobo negro; ella la última descendiente sana de la Herida, cada uno con su cadena, cada uno
en su mantra de elegía.
Cayó desmayado al suelo, ni
un sólo músculo le respondía, siete ríos, siete sueños en siete días... Pensó
que había llegado su hora, cuando su hocico no se alzó del suelo ante la
aproximación de una sigilosa sombra, pisando suave la hierba movida por la
brisa. Trajo agua fresca que caía suave y lenta por su piel mullida. Durmió
horas, tal vez días y yo lo miraba desde el conjuro del agua preguntándome el
porqué de todo aquello y si sobreviviría.
En el bosque quedaba sólo
una hacedora de pócimas, cansada e intranquila, sus ojos azules se habían hecho
ciegos, únicamente sus manos veían.
Tenía hambre, sed y sus
patas en carne viva. Se levantó suave, hasta la cola le dolía, y siguiendo el
murmullo del río pronto llegó a la orilla. Lentamente avanzó, mojando las patas
heridas, soltó un ligero gruñido y cerró los ojos llenos de mariposas
encendidas, estuvo quieto un rato, olisqueando el aire, agudizando el oído.
Intentando saber cuán lejos estaban los hombres que lo seguían.
Cuando sentí que se alzaba,
recogí mis pertenencias, hice un hatillo, apreté la talega estrecha entre mi
cuerpo y la camisa de lino, fijé a la cinturilla de mi falda mi puñal,
engarzado con piedras del destino, cubrí mi cabeza y cerré mi capa, monté sobre
el lomo de la sombra y, rauda, me puse en camino.
Debía llegar antes, antes de
que los hombres ardiesen el bosque, antes de que el lobo volviese y cercenase
mi suave cuello con una ira desconocida.
martes, 17 de mayo de 2016
O Falar dos Vellos.
A morte chega e te leva, segura e fera,
Déixate batendo nos camiños do mundo
Abríndoche o peito, sacando para fóra
O aire pútrido mesto.
Ó lonxe fitas e ves o falar dos vellos
E ninguén pensa e ninguén chora como
Choran os nosos nenos; coa alma limpa
Coa vida chea, cos soños enteiros.
E por máis que caian as bágoas
Do silencio, por máis que perdamos
Soñando os soños, todo o que foi certo,
Aínda temos a liberdade de ser lume,
Osíxeno, combustión no medio do cemento.
Mi Lobo. Segundo Aullido
Llegó a mi vida un día
cualquiera de febrero, aún cachorro, con unos ojos como el cielo de las noches
de invierno; me atormentaba, rondándome, como queriendo cazarme como si entre
él y yo hubiese un lazo casi casi perpetuo: una condena tatuada en su pecho;
era su lengua la que lo hacía cercano y temido como una tormenta de arena en un
desierto.
Rondaba por callejuelas
estrechas, por un centro barroco dónde muchas de nosotras estuvimos presas. En
esos días caminaba yo todavía libre, inconsciente de mi herencia, del legado de
los siglos sobre mis hombros claros y mi lacio pelo.
Él ya me intuía, no atacaba,
no corría hacia mi garganta desnuda, ni con las fauces abiertas, ni todavía era
hijo de su padre, arma cargada y cierta. Sólo me rondaba, quizá imaginado como
sería hacerme su presa.
Fueron noches largas con
mañanas serenas, el tiempo era laxo y los sueños sólo sus sueños.
Sus patas se hicieron
largas, su hocico inquieto, saltaba por los tejados, aprendiendo mis secretos,
su manto fue cambiando y mi cabello creciendo. Lo coronaba ya una estela blanca
de invierno. Se hizo adulto y lo llamaron a filas, a cumplir con lo que había
sido impuesto. La caza no perdonaba ni a quienes cuyos nombres se enlazaban en
el cielo.
Las magas, un día, se me
aparecieron en sueños, traían un cuchillo ensangrentado, heridas por su cuerpo
y un colmillo marfileño, nítido, que enterraban en un agujero. Estábamos en el
monte de mi infancia, rico, pleno y lleno; robles, castaños y abedules se
enredaban a la carrera e mi pelo.
Una estrella se hizo fuerte
en mi frente y una angustia llenó mi
pecho, a la carrera mis pies descalzos pisaban musgo y helechos; no soñaba
evasión, soñaba con él persiguiéndome, no parecía un sueño. Oía el crujir de
las ramas, sentí sus patas en mi espalda y rodamos por el suelo. Con la humedad
en mi frente se hizo el silencio.
Sus fauces abiertas rozaron
mi cuello; ya en el suelo me giré y se abrió mi capa; un hilo de sangre bajó
hasta mi pecho y un destello invisible frenó su ataque en seco. Su mirada se
clavó en la mía, su lengua recorrió mi cuerpo que olisqueó primero y sin un
rasguño se dio la vuelta; un aullido rompió el silencio, me miró en la
distancia y entendí mi sueño. Su misión era matarme, acabar conmigo en mi
último resuello. ¿Por qué me dejó libre? mi eterna pregunta y mi único
consuelo.
Y bajo mi capa púrpura
agarré fuerte mi cuchillo, empecé a planear como mis pájaros podían hacerse con
su vuelo. Lo siguió mi lechuza, mi ave de noches en vela, la más firme, la que
era mi hermana en ese tiempo.
Corrió kilómetros a paso
acelerado, ella lo seguía con su aleteo, me llegaron noticias, supe que había
cruzado siete ríos, siete sueños.
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