sábado, 19 de mayo de 2018

Fuego Lento






Sé de las noches en vela,
de sueños incubados,
a fuego lento, a llama baja.

Recuerdo algún día claro,
algún cielo encapotado 
con su rompiente de gloria.

Sé de ti, sé de mí,
de la nieve que no derretimos,
del barco hundido,
Y de nuestro tren parado.

De constelaciones de soles apagadas.



sábado, 5 de mayo de 2018

De la Manada y la guerra




Me considero feminista, leo, me cuestiono, creo en la sororidad y aprendo cada día todo lo que puedo. Sé que ser feminista es un proceso, por lo menos para las mujeres de mi generación, largo, de toma de conciencia diaria y que normalmente va acompañado de un despertar. Nosotras no hemos recibido educación en igualdad, no al menos como se entiende hoy, hemos estado divididas por género hasta el instituto (al menos en mi caso) y he vivido en la inopia hasta los 20 años; en mi contexto no se hablaba de patriarcado, no se sabía lo que eran los micro machismos, ni los techos de cristal, tampoco se conocía el ‘mansplaining’.

Pero con el paso de los años, las experiencias, las decisiones, te enseñan que cada día te vas formando como feminista, cuando decides apoyar a una compañera aunque no te caiga bien, cuando criticas a un hombre por trato inadecuado, o cuando dejas a un novio porque su ex era una puta, una loca o una puta-loca(ya me entendéis).

La base de mi feminismo se sustenta en la educación sobre la justicia (en un sentido ético), en el no callarse ante los tratos diferenciales por sexo, en reivindicar siempre siempre lo que considero injusto y en el acoso que he sufrido en distintos aspectos de mi vida (daría para un #cuéntalo): Prefiero ir más allá y hablaros de cómo enfrento la vida, porque en el fondo todas somos supervivientes en mayor o menor medida.

Se basa también en lo que me ha enseñado mi madre desde muy pequeña, y que casi siempre ha sido transmitido con el ejemplo y casi nunca con palabras. Nunca se ha dejado vencer; siempre incluido ahora, que es una señora ya mayor, se comporta como una leona, y sigue actuando con sus propias normas. Es cierto que es una mujer llena de contradicciones, muchas de ellas heredadas de una sociedad retrógrada como la franquista, pero con raíces ancladas en mujeres que han hecho lo que les ha dado la gana y se han mantenido solas desde el 1800 hasta 1990.

El discurso educador era uno, pero el meta-discurso era otro bien diferente.
Junto a este hecho, debo sumar un padre ya maduro que siempre alentó en mí esas características propias de la rebeldía de mi santa madre, que lo mantuvieron enamorado y desquiciado en ciertos momentos y que lo fueron educando durante más 50 años.

Tuve la suerte de ser educada por dos buenas personas, maduras y ya curtidas por las injusticias y resistencias que te enseña la escuela del vivir.
Sé que si mi carácter hubiese sido otro, o que si ellos me hubiesen tenido de primera y no de última hija, en mi vida TODO habría sido diferente.

Todo esto ¿a qué viene?, pues está relacionado con el caso de la manada, con el cuéntalo y con la respuesta social de nosotras las feministas.

He estado hablando con una querida amiga sobre lo que está sucediendo y ciertamente concordamos en casi todo: la perversidad de ese juez, que debiese estar inhabilitado, la potencia de las plataformas y feminismos en respuesta a la sentencia, la injusticia y el maltrato a la víctima, y por extensión, a todas las víctimas, etc.

Pero sobre todo hay que pensar en algo que quizá para mí viene de serie, pero que para muchas de nosotras no... Nunca he juzgado a una mujer que no se resiste o que no se enfrenta a su agresor, aunque yo nunca me he planteado no hacerlo (al menos en agresión directa), pero creo que esta actitud que yo tengo, que se ha forjado poco a poco y pagando un precio alto, no la poseen todas las mujeres y creo que se debe mandar el mensaje claro, rotundo y preciso de que debemos cuidarnos, entre nosotras y nosotras mismas.

Es decir, no podemos ir a la guerra con una varita mágica (gran frase leída en redes sociales) y éste es el mensaje fuerte que quiero que llegue a todas. Sabemos que si nos exponemos(y creo que debemos exponernos tanto como nos apetezca), debemos tener “armas” para defendernos. No me refiero tan sólo a sprays de pimienta (que también), me refiero a tener consciencia de que estamos en una guerra y que ciertos comportamientos (que debemos tener igualmente) van a ser centro de críticas, y van a suponer una exposición a mayores peligros de los habituales. Creo fervientemente en que debemos ocupar nuestro espacio público, que si queremos podemos emborracharnos, drogarnos en los portales, volver solas a casa o participar en orgías, si ese nuestro deseo, pero no podemos olvidar que todas esas acciones llevadas a cabo fuera de entorno seguro (e incluso en entorno seguro) pueden tener consecuencias muy graves.

Es fundamental reivindicar que tenemos derecho a no ser tocadas, a poder ir y venir libres en cualquier estado sin que se nos increpe, pero esa libertad no es nuestra todavía, la estamos conquistando, ejerciéndola, y hay que ejercerla con consciencia. Como me dijo ayer Isabel: ‘no vayáis a disfrutar de la nieve descalzas, abrigaos bien e id igual, pero bien equipadas si así lo decidís’.

Por todo esto compañeras, yo a título personal, sabiendo que esta sociedad es una mierda, que estamos en guerra, que cada día aparece una de nosotras asesinada, os pido que abráis bien los ojos, que peleéis siempre, que seáis guerreras, que tengáis claro que si no nos matan, las heridas se curan y los huesos se sueldan, y que el trauma existirá igualmente con resistencia o sin ella.
Si no podéis escapar, pelead (física o mentalmente), aprended a hacerlo, aprended cómo y hasta dónde para que nadie pueda haceros dudar sobre qué ha sido abuso y qué agresión. No os dejéis seducir por la educación en la paz que sólo se nos impone a nosotras. Sed fuertes porque, mis queridas lobas, mientras no cambie el status quo, estamos en guerra y en tiempos de guerra no se hacen prisioneros.


Os quiero libres y salvajes pero sobre todo conscientes de que no podemos ir a la guerra sólo con un cántico. Si tenemos que pelear hasta que cambien las cosas peleemos; si tenemos que defendernos entre nosotras, no dudéis; si tenemos que crear redes de apoyo con desconocidas, creémoslas. No confiéis en nadie que no se haya mostrado digno de confianza. Nuestra confianza es un regalo, no lo malgastéis. Y si tenemos que morir peleando, peleemos, hagamos el mayor daño posible, aunque las instituciones que no nos protegen nos vendan lo contrario.

Os abraza y os quiere la de la palabra impura.






Da Manada e da guerra






Considérome feminista, leo, cuestiónome, creo na sororidade e aprendo cada día todo o que podo. Sei que ser feminista é un proceso, polo menos para as mulleres da miña xeración, longo, de toma de consciencia diaria e que normalmente vai acompañado dun espertar. Nós non recibimos educación en igualdade, non polo menos como se entende hoxe, estivemos divididas por xénero ata o instituto (polo menos no meu caso) e vivín na inopia ata os 20 anos; no meu contexto non se falaba de patriarcado, non se sabía o que eran os micromachismos, nin os teitos de cristal, tampouco se coñecía o ‘mansplaining’.


Pero co paso dos anos, as experiencias ensínanche que cada día vaste formando como feminista, cando decides apoiar a unha compañeira aínda que non che caia ben, cando criticas a un home por trato inadecuado, ou cando deixas a un noivo porque a súa ex era unha puta, unha tola ou unha puta-tola (xa me entendedes).

A base do meu feminismo susténtase na educación sobre a xustiza (nun sentido ético), no non calarse ante os tratos diferenciais por sexo, en reivindicar sempre o que considero inxusto e no acoso que sufrín en distintos aspectos da miña vida (daría para un #cuéntalo). Prefiro ir máis aló e falarvos de como enfronto a vida, porque no fondo todas somos superviventes en maior ou menor medida.

Baséase tamén no que me ensinou a miña nai desde moi pequena, e que case sempre foi transmitido co exemplo e case nunca con palabras. Nunca se deixou vencer, sempre incluído agora, que é unha señora xa maior, compórtase como unha leoa, e segue actuando coas súas propias normas. É certo que é unha muller chea de contradicións, moitas delas herdadas dunha sociedade retrógrada como a franquista, pero con raíces ancoradas en mulleres que fixeron o que lles deu a gana e que se mantiveron soas dende o 1800 ata 1990.

O discurso educador era un, pero o metadiscurso era outro ben diferente.
Xunto a este feito, debo sumar un pai xa maduro e que sempre alentou en min esas características propias da rebeldía da miña santa nai, que o mantiveron namorado e exasperado en certos momentos e que o foron educando durante máis 50 anos.

Tiven a sorte de ser educada por dúas boas persoas, maduras e xa curtidas polas inxustizas e resistencias que che ensina a escola do vivir.

Sei que se o meu carácter fose outro, ou que se eles me tiveran de primeira e non de última filla, na miña vida TODO sería diferente.

Todo isto a que vén? Pois está relacionado co caso da ‘Manada’, co ‘#cuéntalo’ e coa resposta social de nós as feministas.

Estiven falando cunha querida amiga sobre o que está sucedendo e certamente concordamos en case todo: a perversidade dese xuíz que debería estar inhabilitado, a potencia das plataformas e feminismos en resposta a sentenza, a inxustiza e ao maltrato á vítima, e por extensión, a todas as vítimas, etc.


Pero sobre todo hai que pensar en algo que quizais para min vén de serie, pero que para moitas de nós non... Nunca xulguei a unha muller que non se resiste ou que non se enfronta ao seu agresor, aínda que nunca me formulei non facelo (polo menos en agresión directa), pero creo que esta actitude que eu teño, que se forxou aos poucos e pagando un prezo alto, non a posúen todas as mulleres e creo que se debe mandar a mensaxe clara, rotunda e precisa de que debemos coidarnos, entre nós e nós mesmas.

É dicir, non podemos ir á guerra cunha variña máxica (gran frase lida en redes sociais) e esta é a mensaxe forte que quero que chegue a todas. Sabemos que se nos expoñemos (e creo que debemos expoñernos tanto como nos apeteza) debemos ter ‘armas’ para defendernos. Non me refiro tan só a sprays de pementa (que tamén), refírome a ter consciencia de que estamos nunha guerra e que certos comportamentos (que debemos ter igualmente) van ser centro de críticas, e van supoñer unha exposición a maiores perigos dos habituais. Creo ferventemente que debemos ocupar o noso espazo público, que se queremos podemos emborracharnos, drogarnos nos portais, volver soas á casa ou participar en orxías se é o noso desexo, pero non podemos esquecer que todas esas accións levadas a cabo fóra de contorna segura (e ata na contorna segura) poden ter consecuencias moi graves.

É fundamental reivindicar que temos dereito a non ser tocadas, a poder ir e vir libres en calquera estado sen que se nos increpe, pero esa liberdade non é nosa aínda, estámola conquistando, exercéndoa, e hai que exercela con consciencia. Como me dixo onte Isabel: ‘non vaiades gozar da neve descalzas, abrigádevos ben e ide igual, pero ben equipadas se así o decidides’.

Por todo isto compañeiras, eu a título persoal, sabendo que esta sociedade é unha merda, que estamos en guerra, que cada día aparece unha de nós asasinada, pídovos que abrades ben os ollos, que pelexedes sempre, que sexades guerreiras, que teñades claro que se non nos matan, as feridas se curan e os ósos se soldan, e que o trauma existirá igualmente con resistencia ou sen ela.
Se non podedes escapar, pelexade (física ou mentalmente), aprendede a facelo, aprendede como e ata onde para que ninguén poida facervos dubidar sobre que foi abuso e que foi agresión. Non vos deixedes seducir pola educación na paz que só a nosoutras se nos impón. Sede fortes porque, as miñas queridas lobas, mentres non cambie o statu quo, estamos en guerra e en tempos de guerra non se fan prisioneiros.


Quérovos libres e salvaxes pero sobre todo conscientes de que non podemos ir á guerra só cun cántico. Se temos que pelexar ata que cambien as cousas pelexemos; se temos que defendernos entre nós, non dubidedes; se temos que crear redes de apoio con descoñecidas, creémolas. Non confiedes en ninguén que non se teña mostrado digno de confianza. A nosa confianza é un agasallo, non o malgastedes. E se temos que morrer pelexando, pelexemos, fagamos o maior dano posíbel, aínda que as institucións que non nos protexen nos vedan o contrario.

Abrázavos e quérevos, a da palabra impura.





jueves, 3 de mayo de 2018

Todo despois de ti.





Debuxo a liña dos teus beizos,

suave, paseniño, inconsciente,

vivindo a certeza da auga do río,

a brancura da area da praia, o verde do monte.



Es neve branca que voa cara arriba.

A topografía sinuosa do teu corpo 

esvaécese na miña memoria...


Son toda mans, toda ollos, toda verbas

cando xogamos espidas entre a terra e o ceo.



Téñoo todo despois de ti.




lunes, 30 de abril de 2018

Hoy miércoles




Hoy fumo el tercer cigarrillo

antes de las tres de la mañana.

Dejo que pasen los días 

como si nada fuese importante.


Hoy que viene el inspector del gas,

pongo a prueba los últimos años de mi vida.


Hoy que celebro sin celebrar nada

se me queda el papel de fumar pegado a las pestañas.



domingo, 18 de febrero de 2018

Orfandad



Una puede quedarse huérfana tantas veces como ame lo que está fuera de ella.

Puede quedarse huérfana cuando un atardecer ya no la conmueva, cuando una canción deje de provocarle emociones  o cuando un cuadro ya no le transmita nada.

La orfandad es la muerte ajena que nos deja desnudas, en pie, tiritando sobre la piel del mundo.  

Ser huérfana es la certeza de que te espera el desierto y de que sólo posees las patas de un lobo para atravesarlo, con la incertidumbre de si al otro lado de las inmensas dunas de arena rubia encontrarás un oasis o el cauce de un río seco.

Es también saber que al armazón de huesos y pellejo no puede permitirse la agonía o un sencillo estertor.

La orfandad es recoger lo que quede y seguir andando, aprender que no se puede vivir eternamente agarrada a la cola del viento. 


Es mirar el mundo con ojos ciegos.


Ahí las cotas de malla no sirven, tampoco los colores brillantes; por no servir no sirven ni siquiera los lobos que se beben tus lágrimas, porque el desierto es sed y las lágrimas siempre siempre saben a sal.





domingo, 13 de agosto de 2017

Rara Lux



        Hablad, vosotras dos, las que más peleáis en el interior de mi pellejo, vosotras que malvivís dentro de mí.



Hablemos de la destrucción y del maltrato, de lo bien que nos lo montamos para quemarnos el hígado y toda esperanza. Contadme de ese título de campeonas de mundo en estómagos revueltos, noches mal dormidas y manos temblorosas.

Yo quiero hablaros de la travesía en el desierto, de lo que se me ha muerto dentro y de lo que quiero matar cada día.

Hablemos de la mierda chicas; del odio y la insatisfacción que se hace bola en la boca al masticarla día tras día.
Tú.... habla de los tesoros mal vendidos que arrastran por el fango nuestra historia.



Pensad en esa luz pequeñita que cada día muere un poco, pensad en cómo nos asusta que se apague sin que nos demos cuenta, porque no tenéis ni idea de cómo ni cuándo empezó a brillar, ni cuánto aguantará dejándola fuera, temblorosa, en medio de la ventisca.


Mientras hablamos, mientras habláis, mantendré esta cruz sobre los hombros, intentando alejar los pies del suelo porque sé que nosotras, bando de gorriones, también estamos en peligro de extinción.